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XAVIER CASALS, LA ECLOSION DE UN NACIONAL-POPULISMO CATALAN (2003-2009)

14-09-2009

El prestigioso historiador Xavier Casals Meseguer, autor del libro “Ultracatalunya”, ha elaborado un magnífico estudio que no tiene desperdicio: PxC la eclosión de un nacional-populismo catalán (2003-2009).

LA PLATAFORMA PER CATALUNYA:
LA ECLOSIÓN DE UN NACIONAL-POPULISMO CATALÁN (2003-2009)

XAVIER CASALS MESEGUE
Historiador


WP núm. 274
Institut de Ciències Polítiques i Socials
Barcelona 2009

El Institut de Ciències Polítiques i Socials (ICPS) es un consorcio creado en 1988 por la Diputación de Barcelona y la Universitat Autònoma de Barcelona, institución esta última a la que está adscrito a efectos académicos.

“Working Papers” es una de las colecciones que edita el ICPS, previo informe del correspondiente Comité de Lectura, especializada en la publicación -en la lengua original del autor- de trabajos en elaboración de investigadores sociales, con el objetivo de facilitar su discusión científica.

Su inclusión en esta colección no limita su posterior publicación por el autor, que mantiene la integridad de sus derechos.

Este trabajo no puede ser reproducido sin el permiso del autor.

Edición:
Institut de Ciències Polítiques i Socials (ICPS)
Mallorca, 244, pral. 08008 Barcelona (España)
http://www.icps.cat
© Xavier Casals
Diseño: Toni Viaplana
Impresión: a.bís
Travessera de les Corts, 251, entr. 4a 08014 Barcelona
ISSN: 1133-

Portada del libro "Ultracatalunya" editado por Xavier Casals.

En las elecciones municipales celebradas en el año 2003 hizo eclosión en Cataluña una formación islamófoba y que reclamaba un “mejor control de la inmigración”: la Plataforma per Catalunya (PxC). Con sede central en Vic (Barcelona), había sido constituida un año antes por Josep Anglada, un antiguo militante del partido ultraderechista Fuerza Nueva. En los comicios citados presentó siete candidaturas y obtuvo 3.310 sufragios y cuatro concejales en pequeñas ciudades: Vic (25.450 habitantes; 7,4% de los votos), El Vendrell (23.751 h.; 6,1%), Manlleu (13.271 h.; 5,6%) y Cervera (6.030 h.; 9,2%). En las elecciones locales de 2007 concurrió en 39 municipios y mejoró resultados: pasó de un concejal a cuatro en Vic (18,5% de los votos) y El Vendrell (17,7%); subió a dos en Cervera (15,9%) y Manlleu (13,3%), y entró en los consistorios de Manresa (54.342 h.; 5,8%), Olot (23.013 h.; 6,1%), Tàrrega (10.636 h.; 7,4%) y otras pequeñas localidades. Obtuvo 12.447 votos en total (0,4%) y 17 ediles (véase el anexo con los resultados).

La PxC se autodefine como “partido independiente catalán centrado en la seguridad ciudadana y el control de la inmigración” o –más llanamente– “del sentido común”. Se dirige a electores que no se sienten representados por los grandes partidos, evita situarse en el eje derecha-izquierda y diluye su posición en el de catalanismo-españolismo. Como hemos señalado, reclama mejorar el control de la inmigración; preconiza un chauvinismo del Estado del bienestar, exigiendo que los autóctonos reciban de modo prioritario sus prestaciones (como manifiesta la consigna “los catalanes primero”), y se proclama defensor de una identidad y una cohesión social que considera amenazadas por la inmigración. No rechaza oficialmente la inmigración ilegal por móviles xenófobos, sino por sus supuestos efectos negativos (paro, delincuencia, marginación). Se opone radicalmente al Islam por considerarlo una “forma reaccionaria de religión” y denuncia que sus practicantes pretenden conquistar Europa.

Configura así una oferta política que evoluciona hacia lo que se ha dado en calificar como –entre otras expresiones– “ultraderecha postindustrial”, “derecha radical populista” o “nacional-populismo”1. Las formaciones que estos rótulos suelen designar incluyen realidades muy diversas, como el Front National (Frente Nacional) francés, el Vlaams Belang (Interés Flamenco, VB), la Lega Nord (Liga Norte, LN) italiana, el Freiheitliche Partei Österreichs (Partido Liberal de Austria, FPO), la Bündnis Zukunft Österreich (Alianza para el Futuro de Austria, BZO) o el Dansk Folkeparti (Partido Popular Danés, DF), por citar algunas de las más relevantes. Desde nuestra perspectiva, el término “nacional-populista” es el que actualmente definiría mejor a la PxC, pues –siguiendo al politólogo Pierre-André Taguieff– alude a los partidos cuyo discurso apela al “pueblo” amalgamándolo con la “nación” (parte de la premisa de que el pueblo conforma una realidad homogénea) y lo concibe dotado de unidad substancial e identidad permanente. Su blanco prioritario no son tanto “los de arriba” (las elites de gobierno o partido) como “los de enfrente” (los extranjeros): “Más exactamente: las elites son rechazadas en la medida que son percibidas como ‘el partido del extranjero’. El anti-elitismo se halla aquí subordinado a la xenofobia. El populismo integrado al nacionalismo hace surgir una figura nueva del enemigo: el extranjero-invasor, nutriendo el imaginario de la exclusión. La defensa de la identidad nacional implica aquí la denuncia de la ‘inmigración-invasión’: la identidad nacional es afirmada en la medida que ésta se halla supuestamente amenazada”2.

Este ensayo analiza la evolución de la PxC desde sus orígenes hasta febrero de 2009 (cuando concluye la redacción del texto) y expone cómo configura una oferta nueva inserta en un proceso de cambio del sistema político catalán. Su caso es llamativo en la medida que constituye el único de un nacional-populismo desarrollado en España que cuenta con una presencia institucional significativa3.

La “lepenización” de los espíritus

La PxC ha irrumpido en algunos consistorios en un contexto de crecimiento sostenido de la inmigración extranjera en Cataluña. En 1981 se estimó que esta comunidad acogía 94.000 residentes extranjeros; 171.000 en 1996; 215.000 en el 2000 y 689.349 el 2003. El aumento de inmigración ha continuado y en enero de 2007 su cifra era de 966.004, un 13,4% de la población total4. Dentro de la inmigración extranjera, la musulmana ha sido elevada y en el 2006, por ejemplo, representó al 35,4% del total de extranjeros residentes. Asimismo, en el 2007 se estimó que entre un 3,8 y un 4,9% de la población catalana era musulmana5.

En este marco, la eclosión de la PxC reflejaría la cristalización de un proceso de “lepenización de los espíritus” desarrollado paralelamente al incremento de inmigración. Con esta expresión el politólogo Pascal Perrineau subrayó el hecho de que el ultraderechista francés Jean-Marie Le Pen –líder del Front National– ganó las conciencias de sus electores antes que sus votos cuando en las elecciones europeas de 1984 su partido dejó de ser extraparlamentario al obtener el 11% de los sufragios6. Sostenemos la hipótesis de que en Cataluña (como en Francia) se gestó un soterrado proceso de “lepenización de los espíritus” en la década 1989-1999 que se visibilizó entre 1999 y el 2002, de manera que la PxC captó a un electorado sensible a su mensaje.

Los orígenes de este proceso se remontarían a finales de los años ochenta e inicios de los noventa, cuando se sucedieron en Cataluña conflictos locales en torno a población gitana e inmigrantes negros y magrebíes7. Así, en 1989 en Santa Coloma de Farners (Girona) fueron pinchadas las ruedas de once vehículos pertenecientes a magrebíes y el alcalde insinuó que lo habían hecho los perjudicados para que la gente les compadeciera”8. Desde entonces se constata una variada casuística de incidentes en torno a los inmigrantes que proyectó idealizaciones negativas de ellos, como ilustran sendos episodios acaecidos en la provincia de Lleida: en 1991 una niña negra tuvo que hacerse pruebas médicas para demostrar que no tenía sida e ingresar en una guardería y en 1992 unos niños dejaron de ir a la piscina pública al rumorearse que se había hallado en ella el cadáver de un árabe9. Las encuestas detectaron esta tendencia y en 1991 se advirtió que los catalanes presentaban “una mínima receptividad” ante una sociedad pluricultural10. Asimismo, en 1993 se observó que existían estereotipos dominantes que identificaban a africanos y sudamericanos como atrasados y trabajadores, mientras los árabes eran percibidos como atrasados, crueles y gandules11.

En 1999 esta “lepenización” hizo un salto cualitativo con el conflicto que estalló en el barrio de Ca n’Anglada, en Terrassa (Barcelona). El 14 de julio de ese año una manifestación contra la presencia magrebí convocada allí habría reunido a cerca de 2.000 de sus 14.000 habitantes. La jornada concluyó con una agresión brutal a un joven marroquí, el apedreamiento de viviendas magrebíes y un intento de asaltar la mezquita local. El detonador del altercado fueron enfrentamientos previos entre magrebíes y jóvenes del barrio que degeneraron en una batalla campal12. Desde entonces se sucedieron agresiones y movilizaciones que –entre otros elementos– tenían como trasfondo el rechazo a un supuesto trato de favor municipal a la comunidad magrebí y la percepción de un sector de vecinos de que su aumento suponía una amenaza13. El episodio reflejó las dificultades de integración de los recién llegados, pues sus niños y adolescentes convivían “totalmente aislados” con una juventud autóctona a la que se diagnosticó falta de “expectativas, familias desestructuradas y un creciente riesgo a caer en los hábitos de los cabezas rapadas”14. Además, estos hechos parecieron ser la punta de lanza de una erupción xenófoba, pues el 19 de julio fue incendiada una mezquita en Girona y se atacó un edificio de familias gambianas de Banyoles (Girona)15.

Los disturbios de Ca n’Anglada desconcertaron a la opinión pública, tanto por su explosión súbita y alcance como por desarrollarse en un barrio de caracterizado “izquierdismo” y formado por trabajadores procedentes de la inmigración peninsular. No obstante, este último rasgo no constituía una singularidad, sino que remitía a episodios análogos que acaecieron en Francia antes de la ascensión electoral de Le Pen: las primeras acciones vecinales de reflejos xenófobos que sucedieron allí se desarrollaron en 1980 en alcaldías comunistas16. En este aspecto, los vecinos de Ca n’Anglada habrían reflejado una dinámica social profunda de rechazo de la inmigración también existente en otras zonas de España, como demostró en febrero de 2000 el brote xenófobo de El Ejido, en Almería17.

Un año después de éste último, en febrero de 2001, las manifestaciones críticas ante la inmigración se situaron en el centro del debate político y social español. El día 7 de ese mes un diputado socialista del Parlamento andaluz, Rafael Centeno, pronunció la frase “Los moros que se vuelvan a Marruecos, que es donde tienen que estar”. Centeno confió en que su comentario espontáneo pasase desapercibido, pero levantó una polvareda mediática y dimitió18. El 20 de febrero Marta Ferrusola (esposa del entonces presidente de la Generalitat, Jordi Pujol) expresó su preocupación por el impacto de la inmigración en un acto público celebrado en Girona. Expuso su temor a la colonización religiosa musulmana (“dentro de diez años quizás las iglesias románicas no servirán, servirán más mezquitas”); señaló que los inmigrantes no asumían la cultura catalana (“ahora sólo aprenden el ‘buenos días’, ‘buenas tardes’ y ‘dame de comer’”); que “las ayudas públicas son para estas personas que no saben lo que es Cataluña” y que su esposo estaba cansado de otorgar viviendas sociales “a magrebíes y gente así”19. Su intervención desató amplias críticas y el entonces consejero en jefe del Gobierno catalán de Convergència i Unió (CiU), Artur Mas, la defendió por hacer “una reflexión en voz alta, nada peyorativa para los inmigrantes, que seguramente comparten miles de personas en Cataluña”20. Pujol reiteró esta idea al decir que lo que pensaba su esposa “es lo que piensan la gran mayoría de los ciudadanos”21.

En este caldeado ambiente una semana después transcendió el contenido de un libro-entrevista dedicado a Heribert Barrera (expresidente del parlamento catalán y dirigente histórico de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC)) en el que hacía reflexionas pesimistas sobre el impacto de la inmigración: “Si continúan las corrientes migratorias actuales, Cataluña desaparecerá”. Señaló como rasgo distintivo catalán “el patrimonio genético” (junto a otros como la cultura o la religión) y aludió a “una distribución genética en la población catalana” estadísticamente diferente a la de la subsahariana. Apuntó que la inteligencia probablemente estaba determinada genéticamente y que los negros eran de media “un poco menos inteligentes que los blancos”. Manifestó una visión simplista del discurso contra la inmigración del ultraderechista austriaco Jörg Haider (1950-2008), pues consideraba que éste quería “preservar la sociedad austriaca tal como a él le gusta, tradicional”. Cuestionó un eventual enriquecimiento cultural por vía del mestizaje: “A mí que me digan que ganamos con (...) que se bailen tantas sevillanas. (...) Ni que tengamos aquí unas mezquitas y exista un porcentaje cada vez más alto de musulmanes”22. Estas y otras afirmaciones provocaron un nuevo revuelo en la prensa en marzo, pero Barrera se reafirmó en ellas23.

¿Qué impacto social tuvieron las manifestaciones de Ferrusola y Barrera en el proceso de “lepenización”? Es difícil valorarlo, pero por una parte cabe plantear la hipótesis de que quizá imposibilitaron un debate abierto sobre inmigración por parte de los partidos24. Por otra parte, tuvo lugar una reacción estadísticamente cuantificable y el barómetro que el Gobierno de la Generalitat hizo público en agosto de 2001 (elaborado entre junio y julio) mostró que el porcentaje de catalanes que veía excesiva la cifra de extranjeros era un 48,6% (contra un 35,9% del barómetro precedente de noviembre de 2000) y la inmigración se había convertido en el primer problema para un 28,8% (cuando antes era un 10,4%)25.

Desde nuestra perspectiva, es probable que la interacción entre el mensaje de Barrera o Ferrusola y su recepción social supusiera un salto cualitativo (más que cuantitativo) en el proceso de “lepenización”, como ilustra el ascenso del lepenismo en Francia. En este aspecto, es poco sabido que Le Pen fue promocionado mediáticamente por el presidente François Mitterrand para dividir a la derecha. Por esta razón fue invitado al programa televisivo estelar “L’Heure de Vérité” en febrero de 1984. Allí Le Pen expuso sus tesis en directo y al día siguiente un programa especial sobre racismo recogió su eco en entrevistados que vertían opiniones xenófobas sin complejos, pues el ultraderechista había “liberado la palabra racista”: lo que antes eran sentimientos expresados a media voz en el anonimato eran ahora explicitados de manera rotunda y pública. Desde entonces Le Pen no cesó de subir en las encuestas y cuatro meses después, en las elecciones europeas, obtuvo diez diputados. Para el líder ultraderechista la clave de su éxito fue “decir muy alto lo que piensan los franceses” (“dire tout haut ce que les Français pensent tout bas”)26. Con esta analogía no pretendemos equiparar a Ferrusola y Barrera con Le Pen, sino mostrar cómo discursos simplistas de crítica o rechazo a la inmigración dejan de ser marginales y “políticamente incorrectos” para devenir socialmente respetables y popularizarse27. Por último, debe destacarse que el affaire Ferrusola-Barrera facilitó la primera aparición pública del futuro líder de la PxC, Josep Anglada. Éste había fundado en Vic en enero de 2001 la Plataforma Vigatana (el partido antecesor de la PxC) y varias entidades interpusieron una querella contra él por emitir declaraciones xenófobas. Anglada se defendió alegando que sus argumentos no habían sido diferentes a los de Barrera o Ferrusola. Finalmente la querella fue archivada28.

En marzo de 2002 tuvo lugar en la localidad costera de Premià de Mar (Barcelona) un tercer hito decisivo en el proceso de “lepenización” que constituyó el eslabón entre el rechazo público a la inmigración magrebí y su plasmación en las urnas. Se trató de una protesta ciudadana contra la edificación de una mezquita por parte de la comunidad musulmana local. Aunque ésta disponía de todos los permisos para ello, Anglada y sus seguidores se sumaron a la protesta tras convocarles un grupo de vecinos. Esta movilización ganó eco en los medios de comunicación estatales y Anglada la aprovechó para presentar en Premià la PxC el 18 de mayo de ese año, en el marco de una manifestación contra la mezquita que reunió a más de mil participantes y se enfrentó a otra de signo contrario en un choque violento29. En su debut Anglada lanzó un discurso alarmista: manifestó que los árabes conquistarían Europa “por el fruto del vientre de sus mujeres” (frase que atribuyó al líder árabe Ahmed Ben Bella) y remarcó que estos “nos quieren ocupar e invadir”. Negó que PxC fuese racista o ultraderechista (“Nuestra única intención es defender los intereses de Cataluña”, proclamó) y reclamó un “control de la inmigración”. En definitiva, convirtió la oposición a la mezquita en oposición a un Islam percibido como invasor30. Anglada consideró su antigua militancia en Fuerza Nueva agua pasada y rechazó etiquetas: “Yo no soy de ultraderecha (...) Sólo soy un demócrata. (...). No somos de derecha ni de izquierda, pero cubrimos un vacío en un tema sobre el que los demás partidos políticos evitan pronunciarse””31.

De los espíritus a las urnas

La clase política catalana actuó ante el conflicto con un desconcierto notable. El consistorio de Premià no manifestó una posición unitaria hasta el 21 de mayo, mientras los máximos dirigentes de los partidos no tuvieron actuaciones afortunadas. Pasqual Maragall, líder del Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC), afirmó que los incidentes de allí no eran “anecdóticos” y acusó a las derechas de fomentar la inmigración para disponer de mano de obra barata; denunció la pasividad de la Generalitat en este tema y se preguntó si el entonces ministro de Exteriores del Gobierno del Partido Popular (PP), Josep Piqué, evitaba realmente la llegada de inmigrantes ilegales. Piqué reaccionó calificando tales tesis como “bobadas”32. Pujol terció en el tema y afirmó que Maragall era un “demagogo” inconsecuente con las demandas socialistas de “papeles para todos”. Intervino entonces José Montilla, primer secretario del PSC, diciendo que era “lamentable” que Pujol “mintiera”, pues nunca ningún dirigente socialista había reclamado “papeles para todos”33. Finalmente Josep-Lluís Carod-Rovira, líder de ERC, y Artur Mas, de CiU, pidieron la expulsión del imán de Premià por haberse negado a dialogar con la alcaldesa por su condición de mujer, cuando hacía un año que éste vivía en Holanda.

Éstas y otras manifestaciones llevaron previsiblemente el agua al molino de Anglada y la PxC, pues Maragall se había pronunciado favorable a un mayor control de una inmigración favorecida por “la derecha”. Mas y Carod habían pedido la expulsión de los imanes intolerantes, mientras Joan Saura, líder de Iniciativa per Catalunya Verds (ICV), retrajo a Carod que alimentaba “actitudes xenófobas e intolerantes” y que su discurso se enmarcaba en el de la derecha “más rancia”34. Todos, pues, intercambiaron descalificaciones y sólo aportaron confusión al contencioso de Premià. El episodio demostró que se podía crear un potencial liderazgo político desde la nada, porque Anglada fue más un hábil sujeto pasivo que un líder activo: le fueron a buscar los vecinos y le dieron protagonismo los políticos y los medios de comunicación.

Asimismo, el conflicto de Premià focalizó la atención mediática en la oposición que hallaba la edificación de mezquitas en otros lugares de
Cataluña (como Granollers, Reus, Torroella de Mongrí, Viladecans, Mataró, Santa Coloma de Gramanet, Alcarràs o Vic) o en las agresiones de que éstas habían sido objeto. Incluso se aludió a “la guerra de las mezquitas”35. Paralelamente, se generó inquietud social ante el papel de los imanes, pues el impacto de los atentados del 11 de septiembre de 2001 estaba muy vivo, y si bien la vigilancia policial señaló que no adoctrinaban para combatir en una Guerra Santa, se extendió la percepción de que dificultaban la integración a los inmigrantes36. Así las cosas, causó sorpresa que Mohamed Resae, presidente del Consell Cultural Islàmic de Catalunya, no hablase catalán ni castellano pese a residir a Cataluña y haber vivido en la zona de Marruecos que fue protectorado español hasta 1956 (había nacido en 1943)37. Ello reforzó el estereotipo del inmigrante marroquí carente de afán de integración, de ahí que Pujol considerase su actitud como una “reacción intolerante”38.

En mayo de 2002 se desencadenó otra polémica en torno a otro imán, el del Centro Islámico de Barcelona, Najem Alhassam, al afirmar que en Cataluña “hay racismo hasta con los españoles; no digo que todos los catalanes sean racistas, pero hay algunos fanáticos”38. Igualmente, tuvo notable impacto una querella interpuesta contra un imán de Fuengirola (Málaga), Mustafá Kamal, y el proceso judicial subsiguiente celebrado el 2003. Kamal, en su libro La mujer en el Islam (1997), explicó a los maridos como impartir castigos a las esposas según preceptos islámicos. Sus reflexiones eren relevantes, ya que era presidente de la Machlis al-Fatua, entidad que establece normas que presuntamente deben seguir los musulmanes instalados en España39.

El resultado de lo expuesto fue que Anglada y su PxC no necesitaron una gran campaña electoral, pues la habían hecho involuntariamente los líderes políticos al recurrir a argumentos propios del populismo ultraderechista. En efecto, con el conflicto de Premià desde el PSC se acusó al PP de instrumentar la inmigración para generar mano de obra barata; el PP acusó al PSC y al PSOE de favorecer su llegada con “papeles para todos”; mientras los nacionalistas de CiU y ERC pidieron la expulsión de los imanes intolerantes40. Y todo ello teniendo como telón de fondo un flujo de noticias sobre la conflictividad vecinal en torno a las mezquitas y el papel de los imanes41. En este contexto, Anglada asumió como bandera un malestar ciudadano relevante (el temor a que la construcción de una mezquita perjudicara a los vecinos) sin ofrecerle una salida viable, pues sugirió trasladar el local de culto a un polígono cuando la comunidad musulmana tenía todos los derechos para edificarla en el lugar previsto.

El vicepresidente de la PxC, August Armengol, se situó en esta misma línea argumental en junio de 2002, cuando manifestó en El Vendrell (donde sería escogido concejal) que –en caso de ser el nuevo alcalde– sólo autorizaría una mezquita si se daban tres condiciones: que no se ubicara en el centro urbano; que ningún ciudadano español la rechazara (la ciudad tenía censados más de 23.000); y que en su emplazamiento el ruido del minarete no apagara el sonido de una campaña cristiana42. Por último, un tercer futuro concejal de la PxC en Cervera (Lleida), Mateu Figuerola, cobró notoriedad cuando la noche del 4 de marzo de 2002 roció con gasolina la puerta de la mezquita local y la intentó quemar porque un familiar suyo había establecido una relación sentimental con un magrebí43. Como se aprecia, la actuación inicial de quienes fueron los primeros ediles de la PxC expuso una contundente oposición a las mezquitas que favoreció su elección como concejales, pero no proporcionaron medidas factibles para resolver los conflictos generados en torno a ellas. Su actitud plasmó los mecanismos de actuación propios del nacional-populismo, pues como manifestó en 1984 el socialista francés Laurent Fabius en referencia a Le Pen, “plantea buenas preguntas a las que aporta falsas respuestas”44.

En mayo de ese mismo 2002 un sondeo de la Generalitat dibujó un estado de opinión potencialmente receptivo para una opción como la PxC. Mientras en el conjunto de España un 42% de ciudadanos valoraba el fenómeno de la inmigración de manera más positiva que negativa (31%), en Cataluña sucedía lo contrario, con porcentajes del 37% y 35% respectivamente (sólo superado por un 42% de Canarias). La encuesta también reflejó que los hijos de inmigrantes establecidos en Cataluña tenían una visión más negativa de los inmigrantes que los de padres catalanes. Además, los más contrarios a estos eran quienes se identificaban de derechas o “de ideología indiferente”45. El plataformismo se perfiló en el horizonte electoral y los comicios locales de mayo del año siguiente confirmaron que la PxC podía aspirar a un espacio propio, mínimo pero no nimio. Para lograrlo Anglada sólo tuvo que rentabilizar en las urnas el proceso de “lepenización de los espíritus” descrito y llamativamente su propaganda suscribió las manifestaciones de Barrera y Ferrusola con el lema “Atrévete a decir lo que piensas”46.

En los lugares donde la PxC obtuvo sus primeros concejales en 2003 se habían apuntado ya actitudes de rechazo ante la inmigración; a ellos cabría sumar una candidatura de oposición en esos mismos comicios a la mezquita en Premià47. Además, Vic y Manlleu reúnen una importante presencia de inmigración magrebí y ya en 1990 un diario calificó a Vic como “capital de la Cataluña musulmana”48. Un análisis de los resultados electorales de la PxC apuntó –entre otras cuestiones– que era la concentración de inmigrantes en un territorio (y no tanto su cifra absoluta) lo que influía en el elector, pues el partido obtuvo sus mejores resultados en barrios con alta presencia de inmigración. Subrayó asimismo que el voto a la PxC era de castigo, pues penalizaba a las formaciones del gobierno municipal indistintamente de su ideología, y apuntó que el malestar ante la inmigración no se canalizaba necesariamente hacia una formación explícitamente contraria a ésta49. La falta de estudios sobre los siguientes comicios locales –celebrados el 2007– impide aventurar mayores conclusiones sobre comportamientos del electorado relativos a la PxC, aunque en esas elecciones se constató que no sólo recibió el apoyo de un voto islamófobo, sino también de protesta ante los partidos tradicionales50.

Factores que definen y explican a la PxC

En términos de organización la PxC conforma un partido presidencialista y estrechamente identificado con su líder, de ahí que pueda hablarse de angladismo. Se articula desde el nivel local, lo que le otorga un gran margen de acción al facilitar progresos electorales con escasos medios; le permite disponer de personal “liberado” al profesionalizarse sus ediles como políticos; elaborar discursos de gran plasticidad al adaptarse a realidades inmediatas; y ganar respetabilidad y “normalización” política con su presencia consistorial51.

En términos ideológicos, la génesis de la PxC remite a una aparente factura ultraderechista. Según su primer secretario general, Jaume Farrerons (que dejó la formación en octubre de 2003), Anglada mantenía relaciones con extremistas de derecha y el partido era “controlado en la sombra por la ultraderecha española más rancia y reaccionaria”. Afirmó también que Anglada le manifestó que “hacía 30 años que este sector político (la extrema derecha) no levantaba cabeza; yo lo he logrado”. Por su parte, Anglada negó que fueran ciertas estas afirmaciones53. Pero más allá de la hipotética existencia de un “núcleo duro” de militancia de extrema derecha, la PxC constituye una oferta distinta a la de este espectro ideológico y en sus albores confluyen diversas tradiciones políticas de derecha, si nos atenemos a las trayectorias de sus fundadores.
Josep Anglada (1959) ha sido un routier de la ultraderecha: miembro de Fuerza Nueva, en 1987 se acercó a Alianza Popular y retornó al fuerzanuevismo, para acabar sumándose en 1992 a la candidatura autonómica de José M. Ruiz Mateos. August Armengol (1958) fue efímero militante del PP y cabeza de lista por Tarragona del Grupo Independiente Liberal (GIL) liderado por Jesús Gil y Gil en las elecciones del 200054. Mateu Figuerola (1955) militó en el PP y después en Unió Democràtica de Catalunya (UDC).

Además, consideramos que el pasado político de Anglada no le supone un lastre, sino que le facilita la sintonía con ámbitos políticos diferentes. Cuando inició su andadura el 2002 rechazó ser identificado como ultraderechista, pero en privado manifestó actuar tácticamente: “No nos interesa relacionarnos con todo aquello que sea el franquismo, (…), que yolo llevo en el corazón, pero políticamente (…) no vende”, dijo a un aparente simpatizante que era periodista y le filmó de modo encubierto55. En cambio, en el 2007 no dudó en criticar la actuación del alcalde de Vic al comentar en un pleno que “a veces no sé si nos encontramos en un ayuntamiento democrático, o en uno fascista o franquista”56. Este posicionamiento refleja lo irrelevante que es la nostalgia del franquismo para Anglada y sus electores, en la medida en que la PxC constituye un fenómeno emergente y no recurrente (una suerte de reedición de los fascismos), como denuncia erróneamente la izquierda autoproclamada “antifascista”.

El partido evita posicionarse en las coordenadas derecha-izquierda y catalanismo-españolismo para denunciar los supuestos problemas que comporta la inmigración ilegal, aunque según el contexto o la coyuntura proyecta un mensaje más radical y beligerante57. Por ejemplo, en noviembre de 2008, Anglada –en su discurso de clausura del IV Congreso del PxC– afirmó que la mayoría de los inmigrantes residentes en Cataluña “era chusma”, lo que luego justificó arguyendo que tal calificativo no era un insulto "porque el diccionario lo define como gente de baja calidad”58. En cualquier caso, el “decálogo” del partido es claro en relación a este tema: “La inmigración masiva es una de les consecuencias de la globalización. Las oleadas de inmigración ilegal aumentan la delincuencia, el paro y el gasto social, plantean conflictos lingüísticos, religiosos y culturales, y bolsas de marginación social, constituyendo una seria amenaza para la identidad y cohesión social de Cataluña”59. En este ámbito la PxC ha introducido un cambio en el discurso de un sector del nacionalismo catalán que percibía al inmigrante peninsular (peyorativamente llamado xarnego) como agente “desnacionalizador” al sustituir a éste por el musulmán refractario a la integración que protagoniza una supuesta “ocupación” o “invasión” demográfica60. Todo ello le ha permitido a la formación capitalizar en parte la “lepenización” descrita y atraer a un electorado ideológicamente transversal.

La PxC se define como un partido aconfesional “que se inspira en los humanismos cristiano e ilustrado, en el catalanismo político que arranca con Valentí Almirall o en (Josep) Torres i Bages y, en general, en la tradición racional (...) que caracteriza a la civilización occidental ante otras culturas”61. No obstante, Anglada se define como “cristiano, católico y practicante” y confía en que “Dios nuestro señor” le “ayudará a llevar adelante a este país”62. Su mensaje hace bandera de la islamofobia, que en diversos países de Europa (notablemente en Holanda) ha cimentado una coalición de sectores ideológicos diversos al denunciar una falta de respeto del Islam por los derechos humanos y un afán de sus seguidores inmigrantes de islamizar las comunidades donde residen63. Por esta razón Anglada manifiesta que “los 54 millones de musulmanes que actualmente viven en Europa constituyen el particular caballo de Troya del Islam en el mundo Occidental”64. El partido, además, crea una tradición en esta dirección, pues se sumó en Prades (Francia) a un homenaje al conde Vifredo I el Velloso (¿840-897?), mítico fundador de Cataluña, por haber luchado contra el Islam65.

La orientación ideológica de la PxC también se ha perfilado de modo más nítido al tejer una red europea de apoyos desde noviembre de 2007. Ese mes una delegación de la formación encabezada por Anglada asistió a un encuentro con partidos afines e inició relaciones con la Lega Nord (LN) y el Vlaams Belang (VB) en vistas a forjar una candidatura unitaria en las próximas elecciones europeas66. Un año después, en noviembre de 2008, en el citado IV Congreso de la PxC, la organización guardó unos minutos de silencio en memoria del difunto Haider, señalado como “un referente para todos aquellos que como él tenemos al islam como el principal enemigo de occidente”. En el evento intervinieron representantes de la LN y el VB, así como Pierre Vial (exsecretario del Front National y promotor de la asociación cultural Terre et Peuple. Résistance Identitaire Européenne) y un defensor de la “identidad occitana” (en representación de un llamado Bloc Identitaire). Ya en febrero de 2009 Anglada se reunió en Barcelona con el líder del VB, Filip Dewinter, y fue invitado a participar en un encuentro en Bruselas en abril, junto con representantes de otras formaciones como Alsace d’abord!67.

El citado IV Congreso también modificó los estatutos del partido que delimitaban como ámbito de su actuación toda España para circunscribirlo únicamente a Cataluña, dando por terminada la fallida expansión que protagonizó inicialmente con la constitución de la Plataforma por Madrid (PxM), la Plataforma por la Comunidad Valenciana (PxCV) y la Plataforma por Castilla-León (PxCL). Estas entidades no constituyeron partidos federados con la PxC sino delegaciones suyas, lo que no facilitó el crecimiento del plataformismo, como tampoco lo hizo su perfil catalán, pues la PxC efectúa su propaganda en este idioma y la celebración del “día del partido” es también la del patrón de Cataluña, San Jorge.

En este marco, los mencionados apoyos de partidos europeos a la formación y el cambio de estatutos que limita su ámbito de actuación a Cataluña enfatizan el perfil de la PxC como partido “identitario” que sintoniza con los nacional-populismos que preconizan una “Europa de las naciones” ajena a fronteras estatales. La formación se sitúa así en las coordenadas de la ultraderecha que emergió en Europa a finales del siglo XX, cuando tras el hundimiento del llamado “socialismo real” (simbolizado por el muro berlinés derribado en 1989) su agenda política empezó a reflejar preocupaciones ciudadanas como la inquietud causada por la inmigración y el multiculturalismo, la inseguridad, la pérdida de soberanía ante organismos supranacionales o el desencanto por los partidos tradicionales68. La formación catalana asume el rasgo diferencial de esta extrema derecha apuntado por el politólogo Piero Ignazi: recoge “consensos diversificados” al ofrecer “respuestas en términos de valores e identidad mucho más que de intereses”. De ese modo, la PxC no se dirige a sus electores en términos de clase social o con discursos de “derecha” o “izquierda”, sino rechazando el Islam percibido como un agente invasor o colonizador y aculturador; enarbolando el orden público y la seguridad ciudadana como bandera; y criticando a la clase política tradicional.

Igualmente, es importante subrayar que la evolución ideológica de la PxC la determina también el posicionamiento del resto de formaciones ante la misma al impedirle participar en los gobiernos locales. Así, cuando el partido devino segunda fuerza local de Vic y El Vendrell en las elecciones de 2007 la reacción de la clase política fue diversa. El portavoz parlamentario de ERC, Joan Ridao, pidió su ilegalización mediante la ley de partidos por “fomentar el odio racial”69. Artur Mas se opuso porque “sus ideas se han de poder escuchar y votar" y estuvo dispuesto a que en Vic y El Vendrell se formase un gobierno de todos los partidos, pero la propuesta no prosperó70. El actual alcalde de Vic, Josep M. Vila d’Abadal (de CiU), manifestó rotundo su oposición al ingreso de la PxC en el gobierno: “a Anglada ni agua", afirmó. En la ciudad se formó entonces un gobierno de CiU, PSC, ERC e ICV que Anglada bautizó como “pacto de los vividores”, mientras en El Vendrell CiU gobernó con apoyos externos. Al quedar relegada a la oposición 7172y alejarse la posibilidad de gobernar es posible que la PxC tienda a asumir un discurso en el que estén más marcadas las posiciones antisistémicas.

Una renovación del sistema político catalán

La PxC no representa un fenómeno político aislado, sino que se inserta en una dinámica de cambio del sistema político catalán. De este modo, en las elecciones locales del 2007 también conocieron una relativa expansión en pequeñas ciudades catalanas las Candidatures d’Unitat Popular (Candidaturas de Unidad Popular, CUP), que –como la PxC– empezaron a despuntar en los comicios de 2003. Las CUP son representativas de una izquierda independentista juvenil que defiende un “nacionalismo hospitalario” en relación a la inmigración extranjera. Las CUP han obtenido concejales en siete capitales de comarca: Berga (12.727 h.; 13,2% de los votos), Valls (17.416 h.; 7,5%), Vilafranca del Penedès (25.793 h.; 10,8%), Vilanova i la Geltrú (46.351 h.; 5,7%), Mataró (86.143 h.; 5,5%), Manresa (6%) y Vic (7,6%), mientras en Sabadell participado en la plataforma Entesa per Sabadell (153.144 h.; 8,1%).

Los casos de Manresa y Vic merecen mayor atención porque en ellas obtuvieron ediles tanto las CUP como la PxC, ante el rechazo creciente del electorado a la oferta política tradicional73. De esta manera, en el 2007 un 44,4% del electorado de Vic no votó partido alguno y más de una cuarta parte del que acudió a las urnas optó por la PxC (18,5%) y la CUP (7,6%).

En Manresa el 55,4% del electorado no votó a formación alguna y obtuvieron un concejal la CUP (6%) y la PxC (5,8%). Ello reflejaría cómo el desgaste de los partidos tradicionales empieza a generar una estructura de competencia política similar a la de buena parte de Europa occidental, con una “nueva izquierda” redistributiva en el ámbito económico y libertaria en el político y cultural encarnada por los partidos ecologistas (potencialmente representada por las CUP), y “una nueva derecha” defensora del libre mercado, política y culturalmente autoritaria encarnada por partidos de derecha populista radical (hipotéticamente encarnada por la PxC)74. El caso de Reus (72.950 h.), segunda ciudad de la provincia de Tarragona, avalaría esta tendencia de desafección política que apoya opciones “antipartido”, pues un 52,7% del electorado no votó a ninguna formación y una candidatura liderada por un cantante (la CORI) que proponía crear un “follodromo” (sic) para la juventud ganó el 5% de los votos y un edil75.

Es igualmente indisociable de esta situación la eclosión de Ciutadans-Partit de la Ciutadania (C’s) en las elecciones al parlamento catalán de 2006. En ellas obtuvo el 3% de los sufragios y tres diputados con un mensaje centrado en cuestionar la política lingüística de la Generalitat, por considerar que imponía el uso y la enseñanza del catalán en detrimento del castellano. El origen de C’s radicó en un grupo de intelectuales (como Francesc de Carreras, Albert Boadella o Arcadi Espada) que hicieron público su rechazo a la política de CiU y del gobierno tripartito de ERC, PSC e ICV (considerada igualmente nacionalista) con un manifiesto difundido en junio de 2005 que dio paso a la constitución de la plataforma Ciutadans de Catalunya en ese mismo mes. Un segundo manifiesto de marzo de 2006 enfatizó como sus principios “ciudadanía, libertad e igualdad, laicismo, bilingüismo y Constitución”76. En mayo se constituyó como partido y en julio celebró su I Congreso77. El liderazgo recayó en Albert Rivera, un joven abogado exsimpatizante o exafiliado al PP78.

La irrupción de esta formación reflejó una tendencia creciente a crear plataformas y movimientos deseosos de atraer a un electorado incómodo con los partidos tradicionales. En la década de los noventa el término “ciudadanía” cobró centralidad en Europa occidental e incluso se aludió al “retorno del ciudadano”, con afán de incluir a todos los miembros de la colectividad frente al carácter excluyente “de identidades colectivas como la clase, el pueblo o la nación”79. En Cataluña su primera manifestación significativa ya tuvo lugar en 1999, cuando se constituyó Ciutadans pel Canvi (CpC), que se definió como una “asociación cívico-política de carácter progresista, federal y republicanista” deseosa de promover un “cambio profundo en las formas de gobernar y hacer política” y apoyar la candidatura de Maragall a la Generalitat en las elecciones de ese año80. CpC quería actuar junto a los partidos para “avanzar hacia una política institucional más accesible a la ciudadanía y menos profesionalizada, más transparente y menos arcana” haciendo compatible presencia institucional y activismo ciudadano81. Se coaligó con el PSC y actuó como partido, obteniendo 15 diputados, pero le resultó difícil articular una relación desde la independencia y la presencia parlamentaria de CpC bajó a 10 diputados en las elecciones autonómicas de 2003 y a 5 en las de 200682. Permaneció en la órbita del PSC y alcanzó una notoriedad limitada a sus dirigentes con cargos institucionales, como Josep M. Vallès (su presidente), que fue consejero de Justicia.

Esta eclosión institucional de nuevas formaciones trasluce una creciente percepción de los partidos tradicionales como entes que sólo velan por sus intereses. En mayo de 2007 una encuesta constató que “la clase política” causaba a la ciudadanía más inquietud que la inseguridad83. De ahí que los nuevos actores políticos se identifiquen con términos como “plataforma”, “ciudadanía” o en el caso de las CUP hagan gala de su carácter asambleario, pues en última instancia pretenden reflejar pretendidas pulsiones de una sociedad civil no mediatizada por intereses partidistas84. Cataluña sería el lugar de España donde esta tendencia habría cuajado de modo más rápido, sirviendo de patrón a dinámicas similares.

Ello se debe a que el sistema político catalán, pese a su relativa juventud (treinta años), ha “envejecido”: sus partidos parecen funcionar cada vez más como maquinarias electorales anquilosadas que proyectan la sensación de “lotización” (del italiano lottizzazione) o reparto de parcelas de poder entre las sucesivas coaliciones gobernantes: CiU primero y PSC-ERC-ICV después. Asistimos así a la emergencia de movimientos “transpartidarios” como CpC y de “partidos antipartido” como las CUP, C’s y la PxC. Estos últimos se caracterizarían por ser sus dirigentes homines novi, políticamente ya fogueados y dispuestos a acudir a la contienda electoral sin siglas consolidadas que les amparen. Asimismo, estos partidos comparten dos banderas: la de una “identidad” amenazada –sea ésta española, catalana o autóctona (frente a inmigración foránea)– y la de la protesta hacia un sistema representativo que no permite reflejar las inquietudes de los ciudadanos, cuestionando mecanismos electorales como las listas cerradas y percibiendo a los partidos del establishment como oligárquicos y cerrados.

De ese modo, las CUP denuncian la necesidad de “romper la escisión (cada vez mayor) entre la clase política y las clases populares” con una “democracia participativa” que impulse un tejido asociativo autónomo de poderes establecidos85. C’s señala que los “partidos tradicionales” han demostrado “ser maquinarias electorales ajenas a los verdaderos intereses de la ciudadanía” y la formación se define como “un partido político diferente: nace de un movimiento de ciudadanos libres que quieren regenerar la política española”86. Por su parte, la PxC se concibe a sí misma como “la plataforma amplia de todos los ciudadanos que no se sienten representados por los partidos de siempre en temas tan importantes como la inmigración ilegal, la delincuencia, el paro, el terrorismo, la corrupción política o la degradación ambiental”87. La renovación “desde arriba” del sistema político catalán (visible en su cambio de discursos y elites) tiene así su reverso en experiencias surgidas “desde abajo” a partir de agendas poco complacientes: inmigración, inseguridad ciudadana o derechos lingüísticos supuestamente conculcados. Asimismo, las críticas de los nuevos actores tienden a presentar al conjunto de formaciones parlamentarias como integrantes de un oligopolio institucional y mediático que actúa en la práctica como un “pentapartido” evanescente (PSC, CiU, ERC, ICV y PPC).

En síntesis, el desgaste de los partidos del establishment en el sistema político catalán parece generar una estructura de oportunidades favorable a nuevos actores, al emerger nuevos ejes de competencia, como han reflejado C’s (constituyendo una cuña política entre el PSOE y del PP), la PxC (cuyo carácter populista le permite apelar a un electorado autóctono que se siente indistintamente catalán o español, de derechas o izquierdas) o las CUP (constituyendo una clara competencia con ERC y eventualmente con ICV). Estos nuevos partidos han surgido aprovechando las posibilidades que brindan los distintos marcos políticos: C’s en los comicios autonómicos y las CUP y la PxC en las elecciones locales. Su eventual desaparición de las instituciones no supondrá la erradicación de los móviles que atraen a su electorado: en el caso de que C’s no revalide sus resultados en las urnas, la protesta lingüística podrá volver a hibernar como sucedió tras la defenestración política en 1996 de Aleix Vidal Quadras, presidente del PP catalán que la capitalizó en su momento; el angladismo puede desaparecer de los consistorios, pero persistirá la “lepenización de los espíritus” que lo ha generado; las CUP, que conforman un tejido político atomizado y pueden decrecer sin que desaparezca un nacionalismo radical crítico hacia ERC.

Estas formaciones reflejan un escenario catalán en proceso de cambio, cada vez más singularizado en relación al del resto de España, pero a la vez capaz de exportar sus dinámicas, como plasmó la irrupción del nuevo partido Unión Progreso y Democracia (UpyD) bajo el impacto del triunfo de C’s en el parlamento catalán. Asimismo, la PxC puede constituir un eventual referente para nuevas formaciones del resto de España. En este sentido, se debe tener en cuenta que en los comicios locales de 2007 en la Comunidad Valenciana el partido ultraderechista España 2000 (Esp2000), que ha pasado a autodefinirse como “populista, social y democrático”, centró su discurso en pretendidos problemas de la inmigración, obtuvo un edil en Silla (Valencia, 18.756 h.; 5,4%) y otro en Onda (Castellón, 22.526 h.; 5,2%). Otro nuevo partido, Iniciativa Habitable (IH), que articuló un pacto de colaboración con PxC en junio de 2006 (dada “la simpatía mutua entre las formaciones, por la similitud de sus planteamientos políticos y preocupaciones por el bienestar del ciudadano”, afirma)88, obtuvo igualmente ediles, notablemente cinco en Talayuela (Cáceres, 10.432 h.), lugar de gran presencia de población inmigrante. El programa de esta formación –que se proclama ajena al ámbito de ultraderecha– afirma que “no podemos acoger más inmigrantes” y reclama la “preferencia de los ciudadanos de origen español frente a los inmigrantes” en políticas de ayudas sociales y exenciones tributarias.

Un apunte de futuro

La PxC cuenta con varios activos: ha mostrado capacidad para expandirse más allá de sus núcleos iniciales en el 2003; ha empezado a articular una red de apoyos europeos con partidos relevantes en sus países (VB, LN); y parece haber aumentado el conocimiento de su líder en el conjunto de Cataluña, si bien no disponemos de datos al respecto. Sin embargo, también ha mostrado carencias: ha fracasado su proyecto de expansión al resto de España mediante la creación de delegaciones; se ha hecho visible su dificultad de penetración en la provincia de Girona (en los comicios de 2007 solo presentó una candidatura en esta provincia); y ha revelado una capacidad limitada para crear un sólido tejido de partido, como plasmó su escisión leridana que originó el PxCat, formación rival con sede en Cervera cuyo futuro impacto electoral es imposible calibrar.

Partiendo del supuesto de que no tendrán lugar nuevas escisiones en la PxC y la PxCat manifestará una capacidad mínima de expansión, esta situación crea un escenario con muchas incógnitas. En primer lugar, porque la competencia entre ambas formaciones puede crear confusión entre sus posibles votantes dada su proximidad de discursos y siglas en los futuros comicios. Y si bien su rivalidad puede ser suicida en localidades donde ambos partidos concurran, puede darse el caso de que los dos crezcan y aumente la representación consistorial de listas islamófobas, con las consecuencias que comportaría en términos institucionales y de creación de una nueva competencia política a los grandes partidos.

En segundo lugar, el impacto que pueden tener las elecciones al parlamento catalán de 2010 es otro factor potencialmente tan relevante como imprevisible. Aunque el 0,4% de los votos alcanzado por la PxC en los comicios locales de 2007 parece constituir un bajo trampolín para auparse al hemiciclo (recordemos que Ciutadans logró un 3%), su participación en los futuros comicios autonómicos puede suponer una “precampaña” de proyección de la PxC que eventualmente mejore sus resultados en las elecciones locales previstas para el año siguiente, 2011.

En todo caso, parece plausible que en los comicios locales de 2011 la PxC pueda mantenerse e incluso crecer en Vic (su gran escaparate político en Cataluña), al monopolizar en buena medida la oposición al tripartito formado actualmente por CiU, PSC y ERC (pues ICV abandonó el gobierno local), de manera similar a lo que sucede en otros lugares de Europa. El VB es ilustrativo de ello: ha sido objeto de un “cordón sanitario” permanente para aislarle del gobierno ejercido por el resto de partidos, lo que le ha otorgado el monopolio de la oposición durante largos años, y en los comicios locales celebrados el 2006 en Flandes superó el 33% de los votos90.

Sin embargo, no puede descartarse ningún escenario futuro. El primer “barómetro” efectuado por el ayuntamiento de Vic de enero de 2009 destacó que Anglada era el político más conocido de la ciudad, pero también el peor valorado, mientras su partido recogía la menor intención de voto, un 5,7%. Este último dato no es fiable en la medida que es difícil valorar el voto oculto a la PxC: en los comicios de 2007 sólo un 4,9% de encuestados afirmó su intención de votarla y obtuvo finalmente un 18,5% de los sufragios91. En todo caso, reiteramos que si la PxC perdiera su representación institucional por motivos ahora imposibles de prever o ésta descendiera, el angladismo perduraría como un estado de opinión de descontento ante la presencia de inmigración.




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